Revisé los huevos uno por uno y descubrí que uno estaba rajado. Sin decirle nada, lo señalé con el índice hasta que me lo cambió.
Había llovido poco durante la mañana, pero era suficiente como para que los autos salpiquen un poco.
El sol había comenzado a levantar el vapor des asfalto y mi remera se había pegado a mi espalda.
Ese sorete manejaba un auto negro, parecía importado y no tenía rastros de la reciente lluvia.
Mientras yo esperaba para cruzar, el sorete estacionó tan cerca del cordón que me salpicó con unas gotitas de barro y no se disculpó.
No me miró.
Si hubiera seguido absorto en su ego no hubiera escuchado nada, pero algo que se olvidó en el auto lo hizo volver y me vio.
Perros que corren con los coches
lunes 4 de julio de 2011
treinta y seis (minutos antes)
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miércoles 1 de junio de 2011
treinta y seis
Para cuando terminé de estrellar el último huevo sobre el capot de su auto, el sorete que manejaba había dejado de gritar y hablaba diligente por teléfono.
Esa fue la última vez que lo miré.Caminé sin intervalos hasta mi casa.
Esa fue la última vez que lo miré.Caminé sin intervalos hasta mi casa.
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domingo 15 de mayo de 2011
cena
Hay lugares, en mi ciudad, que no recuerdo, que no conozco y que nunca miré a pesar de haber pasado frente a ellos incontables cantidades de veces. Lo que la distracción no vio, la rutina invisibilizó.
Caminamos muchas cuadras más por centro, otras tantas por las calles periféricas y así hasta llegar a su casa.
Caminamos muchas cuadras más por centro, otras tantas por las calles periféricas y así hasta llegar a su casa.
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martes 22 de marzo de 2011
tapitas de colores
Esa noche me encontraron hurgando un papelero en la vía pública. Parecían una policía de civil, encargada del orden y del buen gusto. Parecían una regimiento mínimo de soldados que, formando un círculo en derredor mío, me vigilaba. Sin que pudieran decir nada, bebí el resto de helado que quedaba dentro de un contenedor de tergopol.
- Tranquilo que no te vamos a hacer nada - dijo uno que vino por detrás y sujetó mis brazos. - Queremos lo nuestro.
Voltearon el papelero en el suelo. Las calles estaban desiertas y los pocos autos que circulaban, llevaban las luces bajas. La noche estaba templada y en el cielo había pocas estrellas. En los edificios del centro pocas ventanas permanecían encendidas. Uno de ellos juntó el papel, otro las botellas de plástico, el más pequeño los envoltorios de caramelos y el último las botellitas de vidrio. Cada uno guardó lo recoltectado en bolsas de tela y salieron caminando en silencio, el último me soltó y juntó las tapitas de gaseosa.Éste, antes de incorporarse me habló.
-Venite, no comas lo que tiran de McDonalds, estos yanquis cocinan mierda. - y comenzó a caminar con el grupo.
Me acerqué despacio y caminé junto a ellos hasta el próximo callejón.
- Tranquilo que no te vamos a hacer nada - dijo uno que vino por detrás y sujetó mis brazos. - Queremos lo nuestro.
Voltearon el papelero en el suelo. Las calles estaban desiertas y los pocos autos que circulaban, llevaban las luces bajas. La noche estaba templada y en el cielo había pocas estrellas. En los edificios del centro pocas ventanas permanecían encendidas. Uno de ellos juntó el papel, otro las botellas de plástico, el más pequeño los envoltorios de caramelos y el último las botellitas de vidrio. Cada uno guardó lo recoltectado en bolsas de tela y salieron caminando en silencio, el último me soltó y juntó las tapitas de gaseosa.Éste, antes de incorporarse me habló.
-Venite, no comas lo que tiran de McDonalds, estos yanquis cocinan mierda. - y comenzó a caminar con el grupo.
Me acerqué despacio y caminé junto a ellos hasta el próximo callejón.
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viernes 18 de marzo de 2011
nickname
Al segundo día comenzaron a decirme "chileno". Después de preguntarme como me llamaba y seguir sin recordarlo me dijeron, "te va chileno... te decimos chileno, si no hablás te digo que sos igual".
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miércoles 16 de marzo de 2011
psicoanálisis
Lo que dijo, esa noche antes de separarnos, antes de comenzar la última pelea, sonó a una frase estudiada. Cómo una respuesta preparada para tratar de contrarrestar mi desaprobación. Era, a fin de cuentas, lo que ella pensaba, pero era, también, lo que ella quería que yo pensara, disfrazado, sin más, de una argumentación casi racional que pretendía, que yo cambiara mi forma de pensar.
Escuchá bien, me dijo, y desde ahí su vos cambió, se volvió monocorde, formal y aburrida, "el psicoanálisis no hace más que dar esperanzas, ayudar y también, confirmar la existencia de llaves que nos permitirán abrir puertas. Puertas a nuestro pasado y a nuestro ser que, al estar cerradas, dificultan el natural desenvolvimiento de nosotros como individuos."
Hizo una pausa y pensé que todo había terminado ahí, pero siguió: "...es labor de nosotros, los pacientes, fabricar, crear, encontrar, empuñar, maniobrar y/o utilizar esas llaves para seguir abriéndonos camino."
Los sinónimos no sólo me aburren sino me dan dolor de cabeza. Para esto, ella notó mi malestar, pero siguió hablando. "...desde este punto de vista, la decisión de empezar una terapia psicoanalítica, corresponde únicamente al individuo próximo a convertirse en paciente y es su voluntad comenzar a descubrir y empuñar estas llaves para comenzar a abrirse paso."
Se acercó despacio, arrastrando un poco los pies y puso su mano derecha sobre mi hombro; cuando creí que iba a besarme, terminó la frase: "...de esta manera, si este individuo, en vísperas del psicoanálisis, puede emplear un comportamiento análogo al que le permitió acceder y utilizar la primera llave para empezar el tratamiento, es capaz de, por sí solo, descifrar dónde están las demás llaves y cómo utilizarlas, y así, prescindir del mismo psicoanálisis."
Inmediatamente después de su monólogo quiso besarme.
Julia quedó parada ahí y yo sin hablar me metí en el baño.
La boludez me da diarrea.
Escuchá bien, me dijo, y desde ahí su vos cambió, se volvió monocorde, formal y aburrida, "el psicoanálisis no hace más que dar esperanzas, ayudar y también, confirmar la existencia de llaves que nos permitirán abrir puertas. Puertas a nuestro pasado y a nuestro ser que, al estar cerradas, dificultan el natural desenvolvimiento de nosotros como individuos."
Hizo una pausa y pensé que todo había terminado ahí, pero siguió: "...es labor de nosotros, los pacientes, fabricar, crear, encontrar, empuñar, maniobrar y/o utilizar esas llaves para seguir abriéndonos camino."
Los sinónimos no sólo me aburren sino me dan dolor de cabeza. Para esto, ella notó mi malestar, pero siguió hablando. "...desde este punto de vista, la decisión de empezar una terapia psicoanalítica, corresponde únicamente al individuo próximo a convertirse en paciente y es su voluntad comenzar a descubrir y empuñar estas llaves para comenzar a abrirse paso."
Se acercó despacio, arrastrando un poco los pies y puso su mano derecha sobre mi hombro; cuando creí que iba a besarme, terminó la frase: "...de esta manera, si este individuo, en vísperas del psicoanálisis, puede emplear un comportamiento análogo al que le permitió acceder y utilizar la primera llave para empezar el tratamiento, es capaz de, por sí solo, descifrar dónde están las demás llaves y cómo utilizarlas, y así, prescindir del mismo psicoanálisis."
Inmediatamente después de su monólogo quiso besarme.
Julia quedó parada ahí y yo sin hablar me metí en el baño.
La boludez me da diarrea.
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lunes 14 de marzo de 2011
boludeces
Lo último que yo quise que ella supiera de mi, de mi puño y letra, lo dejé escrito en un papel en su mesa de luz.
Julia dormía y yo me vestí con cautela.
Saqué un papel del anotador del teléfono y escribí CHAU en mayúsculas. Debajo una línea divisoria y más abajo aún, en una desprolija cursiva, "no te quiero ver nunca más".
Salí caminando en medias.
Me calcé mientras esperaba el colectivo en el refugio.
Llegué al último asiento y apenas me senté, saqué de mi bolsillo el anotador que le había robado a Julia. Estaba casi sin uso. Pasé las hojas con velocidad y noté que algunas estaban escritas.
No pude contener la risa con las cosas escritas ahí.
Una de las hojas tenía escrito en lápiz:
"El presente es imperceptible
El pasado y el futuro pueden pensarse, pero el presente solo puede sentirse.
Si en algún momento y de alguna forma intenta pensarse el presente, inexorablemente se está pensado en algo que ya pasó.
El presente es una porción de tiempo que podemos estimar muy pequeña, y cada vez que tratemos de pensar en ella se reducirá un poco más. Así fue como las horas se escaparon de los días, los segundos de los minutos y así sucesivamente.
Por lo tanto, si se trata de pensar en eso que se siente, no se piensa en lo que se siente, sino en lo que se sintió unos instantes atrás."
Julia dormía y yo me vestí con cautela.
Saqué un papel del anotador del teléfono y escribí CHAU en mayúsculas. Debajo una línea divisoria y más abajo aún, en una desprolija cursiva, "no te quiero ver nunca más".
Salí caminando en medias.
Me calcé mientras esperaba el colectivo en el refugio.
Llegué al último asiento y apenas me senté, saqué de mi bolsillo el anotador que le había robado a Julia. Estaba casi sin uso. Pasé las hojas con velocidad y noté que algunas estaban escritas.
No pude contener la risa con las cosas escritas ahí.
Una de las hojas tenía escrito en lápiz:
"El presente es imperceptible
El pasado y el futuro pueden pensarse, pero el presente solo puede sentirse.
Si en algún momento y de alguna forma intenta pensarse el presente, inexorablemente se está pensado en algo que ya pasó.
El presente es una porción de tiempo que podemos estimar muy pequeña, y cada vez que tratemos de pensar en ella se reducirá un poco más. Así fue como las horas se escaparon de los días, los segundos de los minutos y así sucesivamente.
Por lo tanto, si se trata de pensar en eso que se siente, no se piensa en lo que se siente, sino en lo que se sintió unos instantes atrás."
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